El pasado 15 de abril se hicieron 100 años del hundimiento del Titanic, muchos fueron los acontecimiento evocativos, un viaje emblemático en un crucero de súper lujo, el reestreno en 3 D de la película más taquillera de la historia del cine y un sin número de notas periódicas en los diarios y documentales en todos los canales de televisión.
Nosotros los argentinos también tenemos historias por demás “jugosas” y diversas para contar al respecto. Una de ellas con muchas similitudes con el film de James Cameron de 1997.
El protagonista de nuestra película Titanic no es Jack Dawson sino Edgardo Andrew, también un joven de 17 años como el que protagonizó Leonardo DiCaprio.
Edgardo también viajaba en segunda clase y como el protagonista de la película su viaje en el crucero más grande del mundo no estaba programado y viajo en el por casualidad. También conoció en su viaje a una muchacha y si bien no está confirmado de que tuvieron un romance, se hicieron muy buenos amigos y el argentino le terminó salvando la vida (como en la película) al darle su salvavidas.
Esta mujer con el tiempo también contaría la historias de Edgardo como también lo hizo Rose de Jack en la película, antes de morir a la edad de 100 años.
Se llamaba Edwina Celia Troutt más conocida como “Winnie” quien se convirtió luego en una celebridad y una fuente inagotable para los historiadores que escribieron sobre la tragedia del Titanic.
Es por eso que nuestra duda es si en realidad Cameron no se inspiró en una de estas historia contadas para relatar lo vivido por Jack Dawson y Rose DeWitt Bukater, prueba de ello es que una escena que se destaca en la película fue vivida en al realidad por Andrew y Edwina es la que cuenta que “Edgardo se había encontrado con Winnie y ambos se enteran antes que nadie de que el barco estaba en peligro”. Usted saque sus propias conclusiones.
La triste historia de nuestro desafortunado protagonista argentino empieza algunos meses antes que el hecho fatal..
Edgardo Andrew era oriundo de Río Cuarto e hijo de inmigrantes ingleses que trabajaban como mayordomos en la Estancia El Durazno.
A los 17 años se fue a estudiar a Inglaterra y tuvo que abandonar a su novia Josefina Cowan, en aquellos tiempos era usual y casi obligado enviar a los hijos a Inglaterra a estudiar. Su hermano Alfredo había partido años antes convirtiéndose en un experto en máquinas de vapor.
En 1906 se incorporó a la Armada Nacional Argentina y en 1911 es enviado a EE.UU. Allí conoce a una viuda muy rica Harriet Fisher; quien pronto sería su prometida Alfredo y Harriet anunciaron su boda para el 27 de Abril de 1912 e invitaron a Edgardo a participar de ella.
Edgardo admiraba a Alfredo, quien se había convertido en una figura paterna para él, enviándole periódicamente sumas de dinero y pagando su educación en Inglaterra. La fecha del casamiento estaba bastante próxima y las fuerzas del destino apenas comenzaban a forjar su compleja telaraña, en la que Edgardo se vería atrapado irremediablemente.
Tenía previsto viajar el miércoles 17 de abril, día en que zarparía a bordo del vapor ‘Oceanic’. Sin embargo, circunstancias aviesas tornarían su partida en un punto sin retorno, una huelga de carboneros.
Debido a dicha huelga, la White Star Line canceló el viaje del ‘Oceanic’, en el que debía partir al igual que los de otros dos transatlánticos de la compañía, el ‘Majestic’ y el ‘New York’; con el objeto de proveerle todo el carbón disponible a su rutilante estrella, el ‘Titanic’, cuya partida era impensable postergar dada la gran expectativa mundial que se había creado en torno de su viaje inaugural.
Si Edgardo esperaba el fin de la huelga, no llegaría a EE.UU. a tiempo. No tenía más opción que embarcarse en el Titanic pero el célebre trasatlántico zarparía el 10 de abril, una semana antes que lo programado.
Este hecho representaba un problema inesperado para él ya que Josey Cowan, su novia de argentina le había escrito pocas semanas atrás diciéndole que viajaría a Inglaterra a visitar a su tías y a verlo a él.
Antes de su partida Edgardo le dejó a Josey una “carta por demás premonitoria”
“Sepa, Josey que me embarco en el vapor más grande del mundo”, es escribió, “pero no me encuentro nada orgulloso, pues en estos momentos desearía que el Titanic estuviera sumergido en el fondo del océano”.

Como dijimos al comienzo Edgardo había hecho amistad con Winnie una vivaz ex-maestra de escuela de 27 años, de Bath, Inglaterra la noche del accidente fatal Edgardo se encontraba en su camarote y advirtió que algo sucedía. Al salir al pasillo se encontró con Winnie Troutt y juntos le preguntaron a un tripulante el motivo por el cual el vapor se había detenido.
“Fue sólo un iceberg” contestó.
El impacto casi no había sido advertido en las habitaciones de primera y segunda clase que se encontraban más arriba o más hacia la popa que la tercera, pero sí en las cubiertas inferiores y en las salas de máquinas.
A medida que el tiempo pasaba, el agua invadía los compartimentos de proa y crecían las especulaciones.
Un tripulante gritó: “Todos los pasajeros pónganse sus salvavidas y vayan a la cubierta principal. Dejen todo. Es sólo por precaución… Luego podrán regresar a sus habitaciones.” Contó Winnie ya de muy anciana.
“Algunos pasajeros bromeaban por el tenor de las órdenes. Después de todo, creían realmente que el Titanic era ‘insumergible”’.
Edgardo y yo habíamos visto a un grupo de la tripulación quitar el recubrimiento de lona de uno de los botes salvavidas, mientras otro era bajado a nivel de la cubierta nuestra confianza en la invulnerabilidad del barco se había esfumado”.
Al verla desesperada y sin su salvavidas, el joven Andrew no dudó en quitarse el suyo y cedérselo.
Momentos después, una conmocionada Winnie veía como Edgardo saltaba a las heladas aguas. Sin embargo, su gesto heroico no fue decisivo en su supervivencia la única posibilidad era acercarse a un bote, La joven necesitaba además una razón para vivir. Siendo soltera, consideraba injusto salvarse en lugar de otras mujeres con esposos e hijos, así que se había resignado a su destino.
Sin embargo, un hombre le puso en sus brazos la responsabilidad de cuidar a un niño, lo que determinó que abordase el último lanchón que fue bajado.
Algo parecido también sucedió en la película de Cameron nada más que Rose deja al niño en manos de otro y termina saltando nuevamente al Titanic por amor.
La novia de Edgardo como estaba previsto llegó a Londres a bordo de un vapor inglés el 21 de abril para encontrar días después un sobre con su nombre, en la casa de sus tías, y un “Sin Dirección” estampado apresuradamente por Edgardo.
No se sabe con certeza qué fue lo que recibió primero; si la noticia del hundimiento del Titanic o la paradójica carta del muchacho.
El cuerpo de Edgardo nunca fue recuperado. El testimonio de Winnie Troutt fue lo único que tuvieron sus familiares para acercarse a él en sus horas finales.

En julio del año 2000, en una de las expediciones en busca de objetos en el fondo del mar, donde se encontraban los restos del Titanic, hallaron una valija de cuero marrón, fue izada a la superficie, conservada y guardada eran de Edgardo Andrew, unas tarjetas postales, dos cartas, una toalla, un gorro de lana y un tintero fue lo único que se halló de nuestro celebre héroe argentino.

Cabe señalar que sí existió un tripulante llamado J. Dawson pero se supo que la J era de Joseph. Su tumba hoy es venerada en el cementerio de Nueva Escocia tras la película, pero su historia no se parece en nada a la que escribió Cameron, además el director se entera de su existencia mucho después del films.
Estaba casado y era paleador de las calderas del Titanic, tenía 25 años y bigote. Pero el detalle más significativo es que su cuerpo pudo ser rescatado por tener chaleco salvavidas. Lo enterraron con el número 227.

                                           Edwina Celia Troutt

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