Los pueblos se han forjado alrededor de sus pequeñas historias, sus personajes, sus vecinos ilustres, sus instituciones y también por sus pequeños comercios e incipientes industrias.
Ya en otra edición hemos podido contar la vida de la familia Peleteiro y su herrería con su historia de arduo trabajo y sacrificio personal. Pero que decir entonces de los almacenes, esos amplios edificios donde se podía encontrar de todo, desde un anzuelo de pesca, hasta una cinta al bies por supuesto las clásicas alpargatas mezcladas entre latas de galletitas y frascos llenos de confites y todo tipo de alimentos como azúcar, yerba, porotos, todo suelto, luego, te lo envolvían dentro de una “empanadita” formada por papel de estraza o diario.
En mi querido Florencio Varela fueron muchas los almacenes que fueron pioneros en surtir de todo tipo de elementos a sus primeros pobladores, el último que hasta hace una década todavía quedaba en pie fue “La Atalaya” de Mariano Supervía, fundado en 1908, pero también fue importante “El Recreo” que quedaba en 12 Octubre y Sarmiento de Enrique Angarola, el almacén “El Centro” de Juan Alberto Parentti de Sallarés y Monteagudo, “La Estrella Varelense” que tuvo cuatro dueños desde 1935 hasta la década del 50 en San Juan y San Martín. No puedo pasar por alto dos almacenes con las que crecí en mi barrio, la de Don Berraymundo justo en la curva con el mismo nombre y la de mi tío Ignacio Navarro de la calle Balcarce 1230.
Pero si hay algún lugar que la gente mayor recordaba con mucho cariño y énfasis, son todos los almacenes que supieron instalarse en al esquina de Juan Vázquez (Hoy Juan Domingo Perón) y Monteagudo. Allí donde hoy se encuentra el edifico El Morenito se emplazaba una vieja estructura de 250 metros cuadrados que al principio funcionó como almacén y fábrica de chacinados. Los primeros fueron los hermanos Schiantarelli venidos de Piamonte, Republica de Italia. Los hermanos Luis y Antonio son los que empiezan a explotar el rubro, pero no sólo se quedaron con eso sino que también empiezan a fabricar chacinados de acuerdo a una receta que trajeron de su Italia natal, sus salames y jamones marca “Los Alpes” eran distribuídos por el Ferrocarril Sud, que había inaugurado recientemente la Estación San Juan en 1884.

Los Schiantarelli o “Chantareli” como jocosamente le gustaba decir a la gente, tenían su criadero de cerdos y matadero en el lugar, cosa que pasado los años era inevitable que se tuvieran que mudar, por los malos olores que emanaban sus carneadas. Algunos ancianos me supieron contar que una zanja llena de sangre corría por Bocuzzi hacia lo que ellos llamaban la laguna de Gowland hoy Arroyo Giménez (entubado) Los Schiantarelli le vendieron el fondo de comercio a los señores Velasco y Fernández que remozaron el lugar poniendo en su frente una galería con mesitas donde se tomaban la clásica cerveza Quilmes o una gaseosa Bilz y más acá en el tiempo “la bolita” una gaseosa sin tapa que se tapaba con al misma presión del gas, dicho lugar pronto empezó a ser conocido como “la recova de Varela”.
En esos almacenes de antaño no había diferencia de clases sociales y se mezclaban allí jornaleros de campo, doctores, abogado y dueños de estancias. Para graficar esto dos anécdotas una me supo contar la sobrina nieta de los primeros dueños del lugar Marta Schiantarelli, ella recordó algo que comentaban su abuelo: los hermanos Luis y Antonio eran muy amigos del Doctor Bocuzzi al cual ya le hemos dedicado una página en este lugar, juntos crearon la Sociedad Italiana La Patriótica ellos se juntaba todos lo jueves a comer polenta con pajaritos, que los Schiantarelli mandaban a cazar a los chicos a la arboleda que estaba de tras de la estación, por cada pajarito les daba un puñado de confites.

Don Raúl Guglielmi que fue el primer repartidor de diarios de Varela recordó que una vuelta y ya siendo Almacén “Molinero Hermanos” (de Teofilo y Bruno Molinero) que Don Ernesto Mayol un excéntrico vecino de la zona sur de la estación fue a comprar un día y los dueño le reclamaron una cuenta de una libreta de sus peones, al revisarla el empleado le fue detallando “ve 10 centavos en esto, 5 centavos en esto otro etc. a Mayol que se lo conocía por su carácter cambiante e irascible no le gustó nada el gesto y pagó la deuda al día siguiente unos doscientos pesos, pero con monedas de 10 centavos que fue a buscar al banco.

Después de los Molineros los socios Quintana y Canabó pusieron allí su reacordado almacén “Quinca” y en la década del 70 construyeron su edifico propio en Monteagudo al 3040. La vieja Chanchería se demolió en la década del 70 para emplazar allí el edifico actual, el lugar lo compró el recordado vecino José Moreno para poner su tienda “El Morenito” que se encontraba justo en frente, donde es hoy el Café los Angelitos.
En el año 2004 siendo yo presidente de la Asociación Amigos de la Historia Varelense emplacé allí una referencia histórica destacando el lugar como esquina de los almacenes que aun se encuentra colocada en una de las paredes laterales de la entrada del edificio El Morenito.

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