En tiempos de nuestros abuelos como lo dije alguna vez todo era mucho más sencillo y austero. En aquellos momentos muy pocos podían acceder a un viaje a la costa en los fines de semana largo, ni siquiera a algún río “para ir a refrescarse las patas” como se decía.

Si no era por algún camionero bondadoso que cargaba a sus vecinos en la caja de algún camión para ir al río de Quilmes o a Chascomus era impensado acceder a lugares de recreación, muy de vez en cuando entre la barriada se alquilaba un colectivo para hacer un viaje a Lujan, el Tigre o a las aguas termales de Caruhé.

Sería por eso que en aquellos momentos los pobladores se volcaban a los manantiales naturales que proporcionaban los arroyos que en cualquier zona del conurbano se los puede encontrar hoy todos sucios y contaminados.

Los arroyos cauces naturales del agua de lluvia formados en antaño para aliviar a los sectores altos de las inundaciones.
Es por eso que en aquellas épocas cuando se empezó a poblar con obreros el conurbano, el alivio del fin de semana era ir a al costado del arroyo a hacerse algún picnic, asadito y pegarse un chapuzón en esas aguas cristalinas  y por qué no cazar alguna perdíz, o alguna que otra vizcacha.
Las Conchitas, Las Piedras o las Perdices eran sabios exponentes para estas tertulias, hasta allí llegaban caminando gran parte de la población a caballo, carro o alguna chata vieja.
Es importante de destacar que el arroyo en tiempos de nuestros abuelos estaba incorporado como paisaje natural y recreativo, como si uno fuera hoy a alguna pileta o camping para pasar el día.
Recortes de diarios de la década del 30 así lo reflejan, dando cuenta en sus notas “hizo altas temperaturas y la gente pudo disfrutar de una tarde calurosa y soleada de playa en el arroyo las conchitas”.

Era tan popular este tipo de actividad que en un momento se pensó hacer todo un balneario a la altura de Solano en el Arroyo las Piedras, por supuesto lo que reflejaban los diario en aquel momento jamás se llevo adelante.
Otras historias nos cuentan que los cursos de aguas estaban tan cuidados y desmalezados por la continua actividad, que hasta se podía navegar sobre ellos con pequeñas embarcaciones.
En Berazategui en la localidad de Plátanos había un lugar que se lo conocía como “El Arroyo Encantado”, por su amplia vegetación y porque allí se encontraba en medio de su cause una figura de la Venus de Milo , puesta allí en 1916 por Don Alfonso Ayerza que tenía el Haras Las Hormigas.

La vegetación de la zona se debía que Ayerza había hecho un vergel para el esparcimiento de sus huéspedes, con lago artificial, pileta y un parque con distintas especies exóticas. Mucho tiempo después los pasajeros del ferrocarril Roca pudieron disfrutar de esta vista junto al puente de hierro, pero finalmente la Venus fue trasladada al Centro Cultural Rigolleau.

Es de señalar que estas actividades recreativas de nuestros abuelos poco a poco y paulatinamente se fueron extinguiendo a media que avanzaba el progreso y con la posibilidad que daban los automóviles, en el final de la década del 60 muy pocos concurrían a la vera de los arroyos. La industria fabril también hizo estragos y ante la imposibilidad de instalarse en las grandes urbes, compraron parcelas al lado de la cuencas para tirar sus desechos, a medida que los cascos urbanos se fueron poblando las tierra linderas de los arroyos se fueron parcelando e incluso se fueron tomando las márgenes por los más humildes.

Hoy aquellos cursos de agua cristalinos se encuentran contaminados llenos de botellas, animales muertos, pedazos de autos, reactores químicos y materia fecal.

Hoy ya nada queda de aquellos vergeles, lleno de animales silvestre, árboles y aguas cristalinas, se los llevó el progreso y su contaminación, hoy solo forman parte de una anécdota que ya nadie recuerda, o una nota graciosa en alguna parte de un diario de hojas amarillas.

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